miércoles, 6 de enero de 2010

Lhasa de Sela



Su voz tenía algo ancestral, parecía que cantaba desde fuera del tiempo, desde el instinto y los sentimientos en bruto. El pasado día 1 de enero, poco antes de la medianoche, Lhasa de Sela (Big Indian, EEUU, 1972) fallecía en Montreal (Canadá), tras casi dos años de lucha contra un cáncer de mama. Tenía 37 años y un talento y carisma insólitos.

Creció en la carretera, viajando en un autobús-caravana con sus padres y sus hermanas. A los 13 años ya cantaba en cafés de San Francisco, y a los 19 se trasladó a vivir a Montreal, ciudad donde coció su debut, La Llorona (1997), álbum que le granjeó éxito en todo el mundo.

Su música recogió ese espíritu nómada, escarbando entre la música de raíz mexicana (su padre era de allí), americana y del Este de Europa. Con todo, Lhasa hacía algo nuevo y emocionante.

"En La llorona y The Living Road (2003) me dejé orientar. Pero en el último disco tenía ganas de ver hasta donde podía llegar. Casi todas las canciones las escribí sola, lo he producido y he hecho los arreglos. Por eso lo llamo Lhasa, porque es mi música de verdad, nace de mis propios instintos", confesaba en mayo de 2009 a Público. La carrera de Lhasa estaba en pleno despegue creativo.

Quería versionar a Víctor Jara
No se conformaba. Trabajaba desde la honestidad: "No quiero satisfacer al público que le gustó La Llorona, quiero hacer música fuerte y humana", reconocía. El cáncer la llevó a cancelar la gira internacional que tenía programada para el pasado otoño. Tampoco pudo emprender un proyecto que prometía ser fascinante: versiones de Víctor Jara y de Violeta Parra, que la devolverían a cantar en español, como en La Llorona. Eso sí, deja tres obras deslumbrantes.

Un poco retrasada la noticia pero tenia que publicarlo, ya que como me podran darse cuenta me he sentido esa relacion entre su musica, voz y mi pueblo, Coronilla Gro.

Tuve que alejarme pa' llegar hasta tu lado... nunca antes mejor dicho.

2 comentarios:

Eleutheria Lekona dijo...

A veces he pensado que las almas más etéreas tienen que volver pronto al cielo, allí está su verdadera morada.

Fernando A Sotelo dijo...

Mucha razon en lo que dices Eleutheria, apesar del dolor que dejan con su breve paso...

Algo que no me habia atrevido a confesar y que no tine mucho que ver, es que, Lhasa de Sela y mi abuela materna tienen un gran parecido, imagino que mi abuela en su juventud fue muy parecida a Lhasa, mi abuela fue mas rubia y de ojos muy azules pero los rasgos fisicos casi identicos.